Innovar ... ¿Sirve de algo?


Antes de dar respuesta a la pregunta con la que he titulado esta publicación, compartiré una serie de definiciones para el término: “Innovar”.


La RAE (Real Academia Española) lo define así: Mudar o alterar algo, introduciendo novedades.


El Manual de Oslo de 1997 considera que innovar es utilizar el conocimiento, y generarlo si es necesario, para crear nuevos productos, servicios o procesos, que son nuevos para la empresa, o mejorar los ya existentes, consiguiendo con ello tener éxito en el mercado.


Para mí, innovar consiste en aplicar mejores prácticas y técnicas que garanticen un flujo constante de ideas que permitan solucionar retos o desafíos de una forma creativa, brindando en un ámbito específico o global, nuevos productos, procesos o servicios exitosos o en su defecto, mejorar productos, procesos o servicios ya existentes y que sean ampliamente aceptados por quienes los usen.


Innovar y crear van muy de la mano, no hay innovación sin creatividad; sin embargo, puede existir creatividad y nunca alcanzarse la innovación. Las ideas creativas serán innovadoras si las mismas son viables y generan valor para aquellos que las vayan a utilizar. Si se busca innovar sin creatividad, difícilmente el resultado que se obtenga será ampliamente aceptado o exitoso.



Luego de haber leído dichas definiciones, podríamos concluir que innovar sí sirve de algo; sin embargo, si así fuera, ¿porque en nuestros países y entornos organizacionales actuamos de manera opuesta?


¿Por qué si sabemos que innovar parece ser importante miramos de soslayo dicha actividad?


¿Por qué si en las organizaciones se habla tanto de innovar y muchas incluyen en sus fundamentos organizacionales (misión, visión y valores) a la innovación, no se perciben avances en nuestras sociedades y no sentimos que los bienes o servicios que brindan dichas organizaciones son innovadores?


Pareciera que innovar no sirve para mejorar la manera como enfrentamos los retos del mundo actual o simplemente ... No sirve para nada.


Ciertamente que dicha afirmación está muy alejada de la realidad, hoy sabemos que gracias a la actividad de innovar, podemos gozar de todos los avances científicos y tecnológicos que nos facilitan nuestras actividades cotidianas, ha sido el medio para lograr que la educación y el conocimiento estén disponibles a más personas en todos los rincones de nuestro planeta. Gracias a muchas ideas innovadoras, hoy podemos gozar de mejor calidad de vida y podemos anticipar tratamientos adecuados para enfermedades que aquejan a la población mundial.


Entonces, ¿por qué parece ser que innovar no sirve para nada en nuestra sociedad y nuestras organizaciones?


  1. Porque para muchas organizaciones aunque reconocen que la innovación es una actividad necesaria y la han incluido en sus fundamentos organizacionales, no pasa de ser una aspiración y no se alcanzan los beneficios que provee la innovación.

  2. Porque en nuestra sociedad, la innovación es vista como algo muy difícil de incorporar y que está reservada únicamente para las naciones desarrolladas y creadoras de conocimiento.

  3. Porque se cree que la innovación requiere de grandes cantidades de dinero o que las organizaciones deberán invertir en costosos departamentos de I+D+i (Investigación, Desarrollo e Innovación) para alcanzar los resultados positivos que brinda la misma.

  4. Porque se considera que las organizaciones son innovadoras solamente si se cuenta con un grupo privilegiado de “creativos innatos” (aquellos que han nacido creativos, que no han requerido aprender a desarrollar y usar su creatividad a través del tiempo).


¡Nada más alejado de la realidad!La innovación no está reservada para las naciones más desarrolladas y ricas del mundo, tampoco está reservada para las organizaciones que cuentan con un departamento de I+D+i.


La innovación sí puede dejar de ser un mero valor aspiracional y convertirse en una actividad completamente integrada en el diario accionar de las organizaciones. La innovación aunque podría encontrar muchas ventajas de un grupo privilegiado de creativos innatos, se verá más beneficiada de un conjunto de personas que ha aprendido a pensar de una manera distinta, que se ha atrevido a romper los moldes de pensamiento con los que hemos sido formados y que ha aprendido a ver el mundo con otros ojos, usando el don de la creatividad (todos los humanos somos poseedores del mismo pero necesitamos despertarlo).


No es extraño que las naciones más desarrolladas y ricas del mundo lo sean, ellas reconocieron desde hace mucho tiempo atrás que si invertían en la educación de sus ciudadanos y les brindaban la oportunidad de explotar su creatividad, los mismos ciudadanos serían artífices de un sinfín de ideas que ayudarían a solucionar problemas y a romper paradigmas de formas innovadoras.


Gracias a que en estas naciones desarrolladas se valora la actividad de innovar, se le brinda la oportunidad a las personas a que aprendan a usar su creatividad para cosas positivas y se han sistematizado y masificado las técnicas y metodologías que propician la innovación, es que de estas naciones provienen la mayor parte de los bienes y servicios que han revolucionado nuestro mundo contemporáneo.


Para que nuestra sociedad en general y nuestras organizaciones en particular aprovechemos los beneficios que brinda incorporar la innovación en nuestras vidas, es fundamental que ocurran una serie de cambios en la mentalidad de quienes lideran la sociedad y las organizaciones así como de quienes forman parte de la sociedad y las organizaciones.


Si bien es cierto que deseamos que innovar sea una actividad que llegue a ser parte de la vida cotidiana de la sociedad en su conjunto, debemos ir un paso a la vez y por ello enfocaré lo que resta de este artículo en mencionar algunas acciones que deberán suceder para pasar de la innovación aspiracional a la innovación como una actividad cotidiana en las organizaciones.


Primero y enfatizando lo ya mencionado, es necesario que dejemos la rigidez mental con la cual hemos sido formados. A nivel organizacional, los líderes deben propiciar mayor apertura para sus colaboradores en la búsqueda de soluciones de forma creativa a los problemas que aquejan a las organizaciones o a quienes son atendidos por las mismas (los clientes o usuarios de las organizaciones) y los colaboradores deben ser más flexibles y dispuestos a cuestionar la manera en que se realizan las actividades.


Debemos dejar de usar expresiones como: “yo no te pago por pensar, te pago porque hagas tu trabajo”, “no voy a dar mi idea porque de todas formas será otro el que sacará beneficio de la misma”, “no nos compliquemos la vida, siempre han funcionado así las cosas”.


De forma analógica, se trata que busquemos los caminos alternos que podemos tomar ante un reto o desafío. Siempre hay varias alternativas que podemos elegir para solucionar un problema.


Seguidamente, es necesario que en las organizaciones los líderes y los colaboradores dejen de lado la crítica negativa ante el error. No hay nada peor para debilitar la creatividad y por ende la innovación, que el constante cuestionamiento o crítica negativa frente a aquellos eventos que no han tenido un feliz término. Recordemos que las grandes innovaciones han surgido luego de muchas experimentaciones que en sus fases iniciales estaban plagadas de errores e imperfecciones.


Finalmente, si se desea que en una organización la innovación se convierta en una actividad cotidiana, es necesario que los líderes de la organización tomen la decisión de invertir en la formación de sus colaboradores para que estos aprendan técnicas que les permitan desarrollar su creatividad así como metodologías que faciliten la incorporación de la innovación en las organizaciones. Debemos aprovechar y aprender el conocimiento sistematizado y desarrollado en las naciones avanzadas y acortar esa enorme brecha que existe entre las sociedades más innovadoras y las menos innovadoras.


No olvidemos que si logramos personas creativas e innovadoras, tendremos organizaciones más creativas e innovadoras y por ende sociedades que podrán afrontar sus retos de forma innovadora. Si contamos con sociedades más innovadoras, tendremos sociedades más desarrolladas, justas y prósperas.


Usted y su organización, ¿ya han reconocido que innovar sirve de algo y quieren ejecutar los pasos que les permitirá que la innovación pase de ser una aspiración y se convierta en una actividad cotidiana?





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